En el Perú, la celebración de la Navidad ha estado históricamente marcada por el uso masivo de cohetes y fuegos artificiales durante la medianoche del 24 de diciembre. No obstante, esta práctica, profundamente arraigada en las festividades de fin de año, suele generar serias consecuencias para el medio ambiente y la salud pública. De acuerdo con reportes del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), en estas fechas se registran picos elevados de contaminación del aire, producto de la quema de material pirotécnico.
En los días previos a la Nochebuena, diversas instituciones y colectivos difundieron mensajes de concientización para desalentar el uso de pirotecnia, apelando a la empatía y responsabilidad social. Las recomendaciones estuvieron dirigidas especialmente a proteger a personas con enfermedades respiratorias, niños con trastorno del espectro autista, adultos mayores y animales domésticos y silvestres —como perros, gatos y aves—, que suelen sufrir cuadros de estrés, desorientación y afectaciones auditivas debido al intenso ruido. Asimismo, se reiteraron las advertencias sobre los riesgos que conlleva la manipulación de estos artefactos, en particular cuando están en manos de menores de edad, debido a la posibilidad de quemaduras y otros accidentes graves.
El distrito de Lima que evitó los fuegos artificiales
En contraste con esta tradición, en distritos como San Isidro se evidenció un cambio de comportamiento durante la Nochebuena. Según registros difundidos en redes sociales y testimonios de vecinos, en varios sectores no se reportó el uso de fuegos artificiales, lo que fue interpretado como una señal de mayor sensibilización ciudadana frente a los impactos negativos de la pirotecnia. Esta actitud fue destacada por usuarios y residentes como un ejemplo de celebración responsable, que prioriza el bienestar colectivo y el cuidado del entorno.